sábado, 17 de diciembre de 2011

Reflexión...


No quiero saber si hay otra cara de la moneda, si lo blanco esconde el negro en su reverso. No quiero indagar en el fondo de un saco perfecto en busca de las costuras desvalidas. No quiero que me saquen de mi más inocente ignorancia para enseñarme que el mundo es demasiado complejo y que los sueños no son tan fácilmente realizables. Quiero vivir en mi mundo de fantasía, donde el despropósito y la traición no tienen cabida, donde puedo construir la torre de mi futuro en base a la belleza de mi objetivo, teniendo la certeza de que ningún viento repentino la destruirá.
Algunos lo llamarán cobardía, otros inmadurez… pero lo verdaderamente cierto, es que esto es lo que se nos pasa a todos por la cabeza, aunque sea durante una breve fracción de segundo, cuando un jarro de lágrimas frías nos hace descubrir la cruda realidad, que siempre ha estado presente y que nunca hemos podido ver con claridad. No es de extrañar que muchos se forjen corazas de hierro o que construyan muros impenetrables a su alrededor ¿quién no ha sentido nunca esa sensación mezcla de incredulidad, confusión y miedo cuando un hecho afortunado o desafortunado le abre los ojos? La suma de esas sensaciones hace que cada vez nos volvamos más reservados a mostrarnos como somos, que desconfiemos de todo aquel que se acerca con buenas intenciones, que las sonrisas espontáneas dejen paso a los pensamientos analistas de todo aquello que nos rodea. Los tropezones, las caídas, y los malos ratos no nos hacen más fuertes, sólo nos llenan de cicatrices y de miedo a que se vuelvan a abrir viejas heridas.
¿Entendéis ahora porque quiero colgar un cartel de “no molestar” en la puerta de mi mundo de fantasía? Es simple, no quiero permitir que la realidad más cruel revuelva entre mis cajones y se lleve todo aquello que me hace feliz día a día.

sábado, 13 de agosto de 2011

Quiero ser...

Quiero ser el destino, imprevisible e inevitable, afortunado o cruel, que juegue divertido con los momentos que cambian el rumbo de los manejables mortales. Sin motivo y sin explicación crear circunstancias especiales en momentos específicos e inimaginables que causen preguntas sin respuesta: ¿qué cambió?, ¿por qué esta casualidad?, ¿esto tiene una explicación?

Quiero ser una de esas casualidades sorprendentes a la que se piden respuestas que no se pueden dar, una de esas que de repente lo cambian todo, lo revuelven, lo desordenan… pero ¡qué maravilloso desorden!

Quiero ser un momento mágico que tatuamos fuerte en nuestra memoria para no dejarlo escapar, que evocamos una y otra vez con la esperanza de vivirlo de nuevo y con el miedo de perderlo alguna vez.

Quiero ser… quiero ser… quiero ser todo lo que rodeó ese instante, todo lo que lo hizo mágico e inigualable a otro cualquier momento; quiero ser la brisa, la luz, la música, los segundos que transcurrieron sin decir nada y todo a la vez.

Quiero ser yo y dar las gracias al destino, la casualidad, las circunstancias, el momento y a todo lo que rodeó aquel desorden repentino que, sin ninguna duda, sólo fueron un adorno de lo que hizo realmente especial aquel instante… ÉL.